Te conocí en mi juventud
Ingenua provinciana.
Prendida, de mirada diáfana.
Aspiraba la esencia de tu planta,
sedoso espacio con perfumes a campo.
Altiva, encendida,
gallarda, presuntuosa;
tus nítidas avenidas
prendado recorría.
En tu centro casonas y capillas
te vestían luminosa.
Avanzaba tus zonas
vestidas de porcelana
en radiantes paisajes,
abrías tu existencia
dulce, maciza
cual incitante manzana;
daños y vicios atenuabas
en luminoso maquillaje.
Mi ciudad, mi pueblo, mi capital,
tenías inocencia, tenías ingenuidad.
Acogistes truhanes, te entregaste a rufianes,
hoy tienes perjuria.
hoy tienes perjuria.
Cada vez pareces más un arrabal,
cual miembro insano supuras maldad.
Mi reincidente ansia,
Compulsión, obsesión
de pensar que en tu fulgor
me puedo realizar,
de hacerte el medio
del sentido llenar
de mi inconclusa experiencia.
Hoy te encuentro piruja,
mañosa vuelta una bruja;
amante pervertida, muñeca pendenciera,
mentirosa, retraída, indolente, culera.
Buscando encontrarte princesa
medito portar navaja.
Salvaje, violenta en tu seno me tientas.
Hoy tus afectos en desvelo y agonía me vuelcan;
¿ Debo rendirme a un futuro perdido?
¿ continuar esta adoranza esperando
por tu simiente mi paso
cruce tranquilo antiguos paraísos?
¿¡Que a las lisonjas no hayas cedido
De malandrines, de bandidos!?