Clara luz de amanecer
brillante en suave brisa,
dulce lucía tu sonrisa
un espíritu en calma,
grabada era en tu mirar
la magnitud de tu alma.
Presagio de grandes males
desatadas fuerzas sin pausa.
Gemir ardiente de volcanes,
tormentas en borrosas tinieblas.
Dramas en el hombre desenlazan
encendidas erupciones de ira,
mantos helados en desesperanza.
No toleraste de tu alma el devaneo
te enlistaste a emprender combate
presta a la defensa del vulnerable
tornaste a moderno Prometeo.
Absurda hoy parece la causa,
sumar a ésta tu presencia.
Mas a mi parecer indómita luce
en tu ejercito imborrable tu esencia.